En la parroquia Marcos Espinel, en Píllaro, las tradiciones no solo se cuentan, también se viven y se sienten en cada hogar. Detrás de cada máscara de la Diablada Pillareña hay familias enteras que han dedicado su vida a mantener viva una de las expresiones culturales más representativas del Ecuador.
Con paciencia, creatividad y amor por sus raíces, artesanos como Marco Callaman transforman cartón, pintura y cuernos en verdaderas obras de arte. Sus manos guardan conocimientos heredados de padres a hijos, conservando una tradición que hoy sigue dando identidad y orgullo a Tungurahua.
El Gobierno Provincial de Tungurahua continúa impulsando espacios de promoción para que el trabajo de estas familias artesanas sea reconocido dentro y fuera de la provincia, fortaleciendo además la economía local y el turismo cultural.
Más allá de las máscaras, en Marcos Espinel también nacen esculturas, pinturas, llaveros y artesanías que reflejan el esfuerzo, la historia y el corazón de una comunidad que lucha por mantener viva su cultura generación tras generación.



