En el corazón del cantón Baños de Agua Santa, un adulto mayor de 71 años, sumido en la soledad y la mendicidad, recibió un abrazo de esperanza gracias al Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES). Su hogar, una frágil estructura con un techo oxidado, goteras y condiciones insalubres donde convivían sus cuyes y sus alimentos, reflejaba la dura realidad de su día a día. Pero la vida, a veces, trae rayos de luz en los momentos más oscuros.
El equipo del Servicio de Erradicación Progresiva de la Mendicidad, en alianza con la Fundación Otredad XXI, llegó hasta él con una misión: transformar su realidad. Con el apoyo del Municipio de Baños, sanitizaron su vivienda, instalaron un nuevo techo y crearon un espacio digno para sus animales, alejándolos de la cocina. Cada clavo, cada limpieza, fue un gesto de cariño para devolverle la dignidad. Acompañado por un cálido soporte psicosocial, este hombre aprendió nuevos hábitos de higiene y autocuidado, tejiendo un futuro más luminoso.
“Transformamos realidades, restituimos derechos y dignificamos vidas”, expresó con orgullo Doménica Peña, coordinadora zonal 3 del MIES. En Tungurahua, 80 personas vulnerables reciben este apoyo, con la promesa de 18 meses de atención integral para abrirles las puertas a la inclusión social y económica. Esta historia no es solo sobre un techo nuevo, es sobre reconstruir la esperanza y recordarnos que, con empatía y acción, podemos cambiar vidas.



